III DOMINGO DE PASCUA. (6.IV.08)
Benedicto XVI en un momento de generosidad ha aumentado en cinco más los pecados capitales. Me da la impresión que la Iglesia en que nos ha tocado vivir se está metiendo en unos jardines que no sabe cuidar y está a punto de volver esquizofrénico al pueblo de Dios. Si uno busca luz y esperanza donde en principio se cree que podría encontrarla se topa con un Papa que guía su grey a base de mandobles, unos obispos con cara de estreñimiento constante, mala uva y amenazas reivindicativas, con clérigos cerbatana, talibanes desenvaina sables que en su desconcierto no se sabe si suben o bajan la escalera.
Prefiero olvidarme de lo que atisbo a mi alrededor y me refugio en las lecturas de la liturgia de este domingo: Lc. 24,13-35: al Señor resucitado le reconocen al partir el pan. ¿Cuándo, cómo y para quien parte el pan la Iglesia y su mano derecha el Opus Dei? … No aciertan a partirlo y mucho menos saben con quien deben compartirlo…
No menos saludable es la lectura del Salmo 15. Este salmo o se coló de rondón en los libros sagrados o los encargados de administrar lo divino no lo han leído: ”Señor, ¿Quién será huésped de tu tienda? ¿Quién habitará en tu monte santo?: - el que procede con rectitud y se comporta honradamente; el que es sincero en su interior y no calumnia con su boca. – El que no hace daño a su prójimo, ni agravia a su vecino, el que mira con desprecio al impío, y honra a quienes son fieles al Señor. – El que no se retracta de lo que juró, aunque resulte perjudicado, el que no presta a usura su dinero, ni acepta soborno contra el inocente.- Quien así procede, vivirá siempre seguro“.
Enrique P. Amez.
IV DOMINGO DE PASCUA. (13.IV.08)
Escucho el bolero de Ravel, me relajo, intento como el genio del músico hacer magia portentosa con unas pocas notas, entretejerlas armónicamente para construir una simple y maravillosa sinfonía, sueño, me dejo llevar por la imaginación y de repente me doy cuenta que en mi ha renacido la confianza individual, no procede ni me asienta en ella la doctrina manoseada de los jerarcas de la Iglesia. Supongo que es más importante la palabra ”revelada“ por Dios a través del autor de los salmos, me recreo en su invitación: ”el Señor es mi pastor, nada me falta“ (Sal. 22,1). Sonrío y hago un corte de mangas a los pastores asalariados que pretenden cuidar el rebaño desde poltronas o tronos celestiales.
Pablo VI prometía indulgencias a quien leyera la sagrada escritura, el seráfico santo del cachirulo (Escrivá) prescribía la obligación diaria de la lectura del nuevo testamento… No sé si ellos lo leían, me da la impresión que la Iglesia ni lo lee, ni a pesar de que afirme lo contrario, le interesa que sus fieles se acerquen a la lectura bíblica: les podría hacer despertar del letargo en que unos y otros han sumido al pueblo de Dios para manejarle y hacerle todo tipo de injurias.
Intento leer y saborear al evangelista S. Juan (Jn. 10,1-10) quien pone en la boca de Jesús las siguientes palabras: ” os aseguro que quien no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino por cualquier otra parte, es ladrón y salteador“…Las ovejas hambrientas, desheredadas, miserables, con desesperación en la mirada y mano tendida en busca de un mendrugo de pan… se han tenido que ir a llamar a otras puertas, las de verdad; pues en las puertas que los del sindicato del hisopo les entreabren sólo encuentran ”ladrones y salteadores“
Enrique P. Amez.
V DOMINGO DE PASCUA. (20.IV.08)
Me arremango y me siento cómodamente para poder leer y digerir la ”palabra de Dios“ que la Iglesia pone en el día de hoy a la consideración de sus fieles. Rascándome la cabeza por si logro entender algo me pregunto ¿cómo se les ocurrirá a los mandamases y administradores de lo divino poner a la consideración de los fieles la descripción que de la primitiva Iglesia hacen los Hechos de los Apóstoles (6,1-7)? Cualquiera con un poco de uso de razón y un pelín de capacidad de raciocinio, a la luz de los textos sagrados, podrá dar un soberbio corte mangas acompañado de una sonrisa maliciosa y burlona al contemplar el simulacro de Iglesia que nos presentan los monseñores Rouco y comparsa.
Cito textualmente los hechos de los apóstoles: ”… elegid de entre vosotros, hermanos, siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría… la Palabra de Dios se extendía, el número de discípulos aumentaba mucho en Jerusalén e incluso muchos sacerdotes se adherían a la fe…“
A esto se puede llamar asestar un golpe bajo o ”contusionar“ la entrepierna a los meapilas de hoy… ¿Escuece queridos Jerarcas?...
Para rematar la faena el evangelio de S. Juan (14,1-12) presenta a Cristo como el camino, la verdad y la vida. Piedra angular del nuevo templo y los cristianos las piedras vivas.
Al lado de este relato estremecedor y esperanzador contemplo las inmensas riquezas que encierran las iglesias y catedrales; los oratorios ornamentados con costosísimas decoraciones como le gustaba ofrecer a su ”amor“ al santo Escrivá. Mientras tanto resulta que sólo hay una piedra angular para el nuevo templo que es Cristo y las piedras vivas tienen nombre y apellidos, deambulan por la calle y no necesitan refugiarse en los bunker construidos a base de amenazas, bulas y sobornos, para que las almas piadosas y no tan piadosas puedan ir a susurrar ante un Dios que hace tiempo ha abandonado esos templos.
Enrique P. Amez.
VI DOMINGO DE PASCUA. ( 27.IV.08)
A veces uno puede caer en la peor de las tentaciones: creer que el hombre se encuentra solo, que camina por la vida dando tumbos, mirando de reojo, sin poderse fiar de nada ni de nadie…, el gran silencio en que, según definición de
Saramago, se envuelve y refugia Dios, parece invadir al hombre. El pueblo de Dios se siente abandonado, desasistido; piensa –no sin razón- que la Jerarquía de la Iglesia le utiliza, le soba, le mangonea con fines oscurantistas y torticeros; a lo largo de la historia –dos mil años lo atestiguan- ha tratado a su ”pueblo santo“ como a un auténtico guiñapo: lo ha perseguido, obligado a afirmar, confesar y defender ”verdades“ en las que la propia Iglesia no creía. Desde el Concilio de Nicea –parece ser que el Espíritu Santo cansado de que le atribuyeran tanta idiotez e insensatez ser fue con ”Curro“ al Caribe, le ha sacado gusto a las vacaciones y no está dispuesto a volver- hasta nuestros días han hecho comulgar a la fuerza con ruedas de molino, prohibido leer las sagradas escrituras sin que sus sátrapas orienten, mentalicen y explican (¡oh colmo de la insensata sabiduría!) lo que el propio Espíritu Santo quiso trasmitir a los hombres. No se fían ni de Dios.
Las lecturas bíblicas de este domingo me devuelven a una realidad serena, me invitan a contemplar a los demás con confianza y optimismo, a respetar el medio ambiente y las realidades temporales con actitud sagrada pues Dios está en ellas.
Cristo no deja huérfanos a los suyos, se queda con ellos; les promete el Espíritu de verdad y no de discordia y contradicción (Jn. 17, 1-11). Los apóstoles (Hch. 8, 5-8) imponen las manos a quienes desean creer en el Espíritu Santo y crecer bajo su inspiración.
Se muestra una Iglesia con el atractivo humano y divino del Jesús que se encuentra en ella. Extiende las manos, acoge, no hace distinción entre razas, pobres, ”drogatas“, y desheredados llegados ”en pateras“. Esta Iglesia ilusiona. El montaje de los jerifaltes y acólitos del Vaticano y cofrades del Opus repelen, asustan, espantan.
Enrique P. Amez.
VII DOMINGO DE PASCUA. (4.V.08)
La Ascensión del Señor.
Uno no pretende hacer exhaustivos estudios exegéticos, ni analizar las circunstancias históricas, los distintos relatos míticos procedentes de civilizaciones vecinas, conocidas y asumidas por los primeros cristianos que en definitiva no hicieron otra cosa que ”bautizar“ creencias, mitos, festividades y costumbres paganas. Dejando ”pa prao“ estas elucubraciones y que sobre ellas decidan los peritos, nunca los ”doctores de la santa madre iglesia“.
Según la tradición y doctrina cristiana el autor de los hechos de los apóstoles cuenta (Hch. 1,1-11): ”… lo vieron elevarse, hasta que una nube lo ocultó de su vista. Mientras estaban mirando atentamente al cielo viendo cómo se marchaba, se acercaron dos hombres con vestidos blancos y les dijeron: Galileos, ¿por qué seguís mirando al cielo? Este Jesús que acaba de subir de vuestro lado al cielo, vendrá como lo habéis visto marcharse“.
Me pregunto, sin angustia pero con cierto ánimo crítico y desesperanzado: ¿por qué la Iglesia se ha pasado dos mil años mirando a los cielos? ¿Por qué en lugar de dar razones para vivir y esperar ningunea la esperanza y desprecia la vida terrenal prometiendo a sus fieles un ”cielo“ futuro e incierto mientras se inventa y arroja a los ”malos“ a un ”infierno ” seguro en esta tierra. Cristo en su ”ausencia“ encarga a los discípulos la misión de predicar a todos los hombres la buena noticia de la resurrección y salvación.
Los jerifaltillos talibanes de la cosa celestial pretenden mantener al hombre como un ser bobalicón, mirando extasiado hacia un cielo que ocultan las nubes mientras le sustrae la cartera, la propia vida y llena su mente de miedos y recelos.
En el evangelio (Mt. 28, 16-20) Cristo envía a los suyos a ser testigos y anunciadores de la buena noticia del evangelio. Esa es la única tarea que Jesús encomienda a sus seguidores, tarea alegre, simple, sencilla, sin complicaciones. ¿Por qué los santos modernos y de pacotilla juntamente con sus creadores –los jerarcas eclesiásticos- se empañan en ofuscar y atolondrar las mentes y llenar de sarpullidos los cuerpos? ¿Qué clase de nubes se interponen entre Cristo y su Iglesia que impiden la visión clara del Jesús resucitado?
Enrique P. Amez.
DOMINGO DE PENTECOSTES. (11.V.08)
Daré por buenas las explicaciones y doctrinas que la Iglesia ha venido comunicando a través de los tiempos sobre día gozoso y esperanzador de Pentecostés. En el calendario litúrgico y pastoral por el que se rigen las fiestas, conmemoraciones, liturgias y rezos variados que la Iglesia impone a sus seguidores, se dice: ”Este sagrado tiempo de cincuenta días concluye con el domingo de Pentecostés, en que se celebra el don del Espíritu Santo a los Apóstoles, los orígenes de la Iglesia y el comienzo de su misión a todas las lenguas, pueblos y naciones“.
Me temo mucho que tal ”mogollón de cosas“ que de una tacada quiere celebrar y conmemorar la Iglesia no pase de puro ilusionismo malabar y copia exacta de otros ”Pentecostés“ conmemorados en un entorno pagano.
En los hechos de los apóstoles (2, 1-11) se narran una serie de acontecimientos portentosos y milagrosos que transformaron tanto a personas como a la propia sociedad; todos hablando distintas lenguas se entendían en el mismo idioma. Uno se pregunta ingenuamente si el día de Pentecostés celebramos la venida del Espíritu Santo que deja su impronta, estilo de vida y abre las mentes y corazones de quienes le reciben ¿dónde está ahora? ¿Por qué no sigue siendo guía e inspirando a su Iglesia? Supongo que no se hará cargo de todo cuanto a la tercera persona de la Santísima Trinidad le atribuyen. Las cosas que se les ocurren y predican los ”caletres“ iluminados de sus elegidos son capaces de sonrojar a cualquier persona ya sea humana o divina.
El evangelista S. Juan (20, 19-23) recoge las palabras de Jesús ”como el Padre me envió, así también os envío yo. Recibid al Espíritu Santo“.
Si todo lo que la Iglesia confiesa es verdad, no termino de entender la falta de fe y de confianza en el Espíritu Santo. Ella actúa de espaldas al evangelio y a las enseñanzas avaladas por la persona enviada el día de Pentecostés. Así le va…
Enrique P. Amez.
VII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. (18.V.08)
-Solemnidad de la Santísima Trinidad-
No voy a entrar en las polémicas teológicas, las excomuniones y todo tipo de los más variados escarnios a que dio lugar la implantación por parte de la Iglesia del misterio de la Santísima Trinidad. Me da la impresión que aún en nuestros días después de tanta polémica y condenación la Iglesia no tiene el tema muy claro salvo que es necesario aceptar ”velis nolis“: es decir o lo crees o te condeno… ¡y se queda tan fresca!... Pues a lo que iba.
Para no divagar demasiado citaré textualmente lo que la misma Iglesia dice sobre esta festividad en el ”calendario litúrgico pastoral“: ”hoy la liturgia celebra y contempla el misterio de Dios uno y trino. Es difícil hoy hablar de Dios en una sociedad secularizada y neopaganizada, y sin embargo, Dios se revela y quiere encontrarse con el hombre (Ex. 34, 4-6. 8-9) para liberarlo de sus esclavitudes y conducirlo, por Cristo, a la vida eterna (Jn. 3, 16-18). El Dios de la gracia y de la paz, no es un Dios lejano, está permanentemente en comunión con nosotros“.
De todo el comentario que la Iglesia propone únicamente puedo estar de acuerdo con la última parrafada: ”el Dios de la gracia y de la paz, no es un Dios lejano, está permanentemente en comunión con nosotros“. ¿Cómo compaginar el hecho de que Dios esté permanentemente con el hombre con la descripción que la Iglesia hace de la sociedad? Corro el riesgo de pecar de ingenuo al decir que no es que hoy más que nunca sea difícil hablar de Dios en medio de una sociedad ”secularizada y neopaganizada“, es que la Iglesia ha deteriorado de tal manera la imagen de Dios, ha mostrado un rostro tan huraño, mezquino y atisba braguetas que lógicamente esta sociedad no puede reconocer a ese Dios.
Gracias a Dios la sociedad está cada día más secularizada pues es ahí, en su quehacer diario, donde se cita con Dios y no en los templos repletos de rezos cansinos, personajes hipócritas e imágenes de escayola. Por otro lado la sociedad vuelve, como el río desbordado, sus aguas al cauce del neopaganismo, es en esta fuente donde la Iglesia ha ido a beber para cubrir con mitos ancestrales sus pretendidas ”buenas noticias“.
Enrique P. Amez.
OCTAVA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO. (25.V.08)
-Santísimo cuerpo y sangre de Cristo-
Festividad del ”Corpus Cristi“. Para los cristianos más frágiles de memoria les recuerdo: calles engalanadas, olor a tomillo e hiervas frescas, balcones y ventanas adornadas para dar la bienvenida a Cristo que pasa por las calles de pueblos y ciudades. Viene a mi memoria con especial cariño el recuerdo de la procesión sacramental del Corpus Cristi en Toledo: sinfonía de colores desprendiéndose de tapices históricos, toldos que sirven como techumbre de las viejas calles impidiendo que la luz del sol penetre y haga imperceptible la otra luz, la que procede del Cristo hecho turista por unos momentos. La música brota con espontaneidad saltarina y alegre en cada rincón con sabor a viejos caballeros y leyendas urbanas que hacen también hoy presente un ayer preñado de aconteceres que ennoblecen la vetusta ciudad; y de los patios toledanos que enseñan sus maravillas ornamentales en tal ocasión. Miles de turistas que acompañan con las miradas y sus cámaras de fotos más que con la fe y el corazón. Todo un espectáculo: representación de comedia divina presidida por una figura inhiesta, ausente y pontifical llamado Cardenal Primado rodeada por sus fieles y agradecidos acólitos que atienden por el genérico nombre de canónigos. Todo parece como arañado de otro mundo para exhibirlo en una procesión circense y exposición permanente de una mercancía que se pretende vender como divina.
Es el ”Corpus“, es ”Cristo que pasa“ diría el santo Escrivá de Balaguer. Tanto la Iglesia Católica como el fundador del Opus se han empeñado en resaltar los tintes de un día en que pasó por las calles de pueblos y ciudades, como un turista más, el Cristo de la fe.
Cristo no pase, se hace presente en todos aquellos que saborean en común el pan y brindan con su cáliz. Allí está Cristo, se queda recubierto por una ornamentación de harapos, de drogatas, de desheredados, de gentes que acuden de todos los lugares y razas tendiendo una mano en busca de otra mano amiga, hermana, que les saque del atolladero mental o físico en que pueden estar metidos.
¿Se le ha ocurrido a la Iglesia, o a alguna de sus queridas instituciones, procesionar las miserias humanas y los andrajos que cuelgan de los Cristos que deambulan al pairo por nuestras calles?... AMEN…
Enrique P. Amez.
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